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sábado, 23 de mayo de 2026

Partita nº 3 en mi mayor de Bach

El genio de Bach pensó sus Sonatas y partitas para violín solo BWV 1001-1006 para violín solo, sin ningún acompañamiento. Antes existían algunas obras para violín solo, como la Passacaglia de Heinrich Ignaz Biber o las Seis partitas de Paul von Westhoff, entre otras, pero según mi corto saber y entender, no se pueden comparar en absoluto a las partituras escritas por Bach.

A pesar de que empezó a componerlas en 1703 y las terminó en 1720, no fue hasta 1802 cuando esta colección de piezas vio su primera publicación. El mundo había sido privado durante 82 años de esta maravilla. Hoy en día, con un mercado musical en el que hay grabaciones, avances de grabaciones y estrenos mundiales en tiempo real a través de diferentes plataformas musicales, el hecho de que estas joyas musicales que hoy comparto estuvieran "en un cajón" durante más de tres cuartos de siglo nos parece algo inconcebible.

Como muestra de estas partitas os traigo hoy la número 3, la Partita en mi mayor BWV 1006, formada por siete movimientos de danza, la mayoría de origen francés: Preludio, Loure, Gavotte, Menuet I, Menuet II, Bourrée y Gigue. Las partita es de una complejidad tremenda, pero de una belleza difícil de explicar, alegre, melancólica y, para mí, como un volcán lleno de matices expresivos que hace que uno quiera volver a escucharla una y otra vez.

Hoy quiero compartir esta partita en dos interpretaciones magistrales: la primera es la grabación que realizó una de las mejores violinistas, a mi juicio: la extraordinaria Hilary Hahn en su propio domicilio en 2022, en un ejercicio de frescura y virtuosismo en la intimidad de su hogar. La segunda corresponde a una transcripción para guitarra clásica de Valter Dešpalj, con la interpretación magistral de la guitarrista croata Ana Vidović del 4 de noviembre de 2024 en Split (Croacia). Dejaos abrazar por esta maravilla musical de Bach.



viernes, 5 de diciembre de 2025

Concierto para violín de Tchaikovsky

Hay pocos conciertos para violín más emocionantes, vibrantes y plenos que el Concierto para violín y orquesta en re mayor Op. 35 de Piotr Ilich Tchaikovsky. Tanto es así que no es nada infrecuente que, al terminar el espectacular primer movimiento, el público rompa en aplausos rapito in estasi.

Compuesto en 1878 a orillas del Lago Lemán (Suiza), tras un intento de suicidio del compositor perpetrado fruto de la depresión a causa, entre otros factores, de su desastroso matrimonio con Antonina Miliukova, constituye una de las obras cumbres para violín de la historia de la música.

En ese lugar se le unió un alumno suyo de composición, Iósif Kotek, violinista. Inspirado por la música para piano y violín que estuvieron tocando juntos, Tchaikovsky interrumpió la Sonata para piano en sol mayor, en la que se encontraba trabajando en ese momento, para componer la partitura del concierto para violín que hoy nos ocupa. Acabó el esbozo del mismo en 11 días y lo terminó por completo al cabo de un mes, revisiones aparte del movimiento central.

El compositor le ofreció la partitura al violinista Leopold Auer, quien la rechazó por intocable. Por ello, el concierto fue estrenado el 4 de diciembre de 1881 por Adolf Brodsky, en Viena y bajo la dirección de Hans Richter. En aquel momento no fue apreciado como la obra maestra que hoy en día está considerado.

El primer movimiento, más largo que los demás, muy al estilo del compositor, por sí solo podría ser un concierto aparte, tal es la riqueza de melodías entrecruzadas, la complejidad y la espectacularidad de su final. El segundo movimiento, andante, para mí es muy difícil de describir, y solo diré que es profundo, pero no oscuro, melancólico, pero no triste, y llega al último rincón del ser. Para concluir, el tercer movimiento, allegro vivacissimo, interpretado sin pausa tras el andante anterior, es la conclusión perfecta a toda la música abordada en los minutos anteriores, redondea la partitura y la empaqueta como un regalo que es, un regalo para nosotros que hoy, 147 años más tarde, escuchamos tan fresco como el primer día.

La versión que hoy propongo es la de la fantástica Hilary Hahn, con Andrés Orozco-Estrada dirigiendo la Orquesta Sinfónica de la Radio de Frankfurt en una grabación efectuada en vivo el 7 de septiembre de 2023.

Espero sinceramente que os guste igual que a mí me apasiona.

domingo, 27 de octubre de 2024

Mendelssohn y el violín

Hace unos años, no tantos, la verdad, cuando empecé a escuchar música de manera normal, me encontré de manera casual con este concierto para violín, el concierto para violín en Mi menor, Op. 64 de Felix Mendelssohn-Bartholdy. Fue mi bautismo con este instrumento. 

Yo, sin saber nada de música, me vi directamente interpelado e impactado por la cadencia del instrumento, ya que en vez de dar comienzo con la orquesta, en este concierto el violín muestra sus credenciales desde el principio. Es como si dijera "aquí estoy yo". ¡Y vaya si está!

Posteriormente, me enteré de que este hecho que a mí me había llamado la atención y atrapado desde el primer segundo de interpretación fue innovador también en su momento y ha tenido gran influencia en composiciones posteriores.

Fue estrenado el 3 de octubre de 1847, pero, como siempre pasa con todas las grandes obras de arte, cada vez que lo escucho es como si fuera interpretado solo para mí y siempre por primera vez.

En fin, espero que disfrutéis de este concierto. Y prestad mucha atención a la maestría de María Dueñas. Yo, como no sé nada de aspectos de dominio del instrumento, los cuales presupongo, por supuesto, me quedo con la suavidad rotunda, con los pianos imposibles y con la historia de sensaciones que deja en mí esta interpretación. En la parte orquestal tenemos a la Orquesta Filarmónica de Radio Francia, bajo la batuta de Mikko Franck, convirtiendo este concierto para violín en una joya a la que volver una vez tras otra, siempre como si fuera la primera vez.
 

domingo, 19 de mayo de 2019

La música y yo

Nunca he asistido a clases de música. En mi colegio no se impartía música en mis tiempos (más tarde todo el mundo pasó por la flauta). Por ello mis conocimientos musicales son bastante cercanos a la nada.

Pocas cosas hay en el mundo que me hubieran gustado más que poder entender y seguir una partitura y poder expresarme con un instrumento.

En fin, ¡qué le vamos a hacer! Descubrí la música con mayúsculas muy tarde y ahora, hecho un borrico, voy adentrándome poco a poco, no sin muchos esfuerzos, en el fascinante mundo de sentir y vivir con música.

Mis comentarios no serán fiables desde el estricto sentido musical, pero sí sinceros, porque se basan sólo en mis apreciaciones, en mis encuentros personales con la música, con el arte expresado con sonidos. Cada entrada, por ello, pretenderá únicamente mostrar mis gustos, sin ninguna pretensión más.

El punto de partida no podía ser otro más que, para mí, el mayor compositor de la Historia, alguien que era sólo música, que vio y previó todo y con una expresión artística propia de quien es la mano musical de Dios en la tierra: Johann Sebastian Bach. A modo de petición de perdón por mi ingreso tardío en el mundo de la música muestro a continuación el magnífico Erbarme Dich, de la Pasión según San Mateo. La estremecedora interpretación es de la mezzosoprano y contralto húngara Julia Hamari.

Erbarme dich, mein Gott,

um meiner Zähren willen!
Schaue hier, Herz und Auge
weint vor dir bitterlich.

Erbarme dich, mein Gott.