domingo, 2 de junio de 2019

Seguimos con Bach

Una de las cosas que más me gustan en este mundo es intentar escuchar obras musicales eternas, que me sacan de mi cuerpo y me transportan en espíritu a su vida trascendente. En eso, no hay duda, para mí que no entiendo de música, Bach es insuperable.

Hoy, día de la Ascensión, podría compartir una obra preciosa, como es el oratorio que el músico de Eisenach compuso para este día, pero quiero compartir el siguiente vídeo en el que Jordi Savall, el violagambista, director y musicólogo español, junto con la Capella Reial de Catalunya y Le Concert des Nations, interpreta la Misa en si menor BWV 232. En ella, la profundidad y la delicadeza van de la mano para expresar lo que sólo Bach podía expresar.


domingo, 26 de mayo de 2019

Mi tocata y fuga en Re menor

En un mundo tan visual como es el nuestro, es difícil que al sonar las primeras notas de la obra que presento hoy muchos no piensen en imágenes cinematográficas del conde Drácula o del capitán Nemo, aunque en realidad se trata, quizá, de la obra más sublime jamás escrita para órgano: Tocata y fuga en Re menor, BWV 565, de Johann Sebastian Bach.

Recuerdo mi primer encuentro con esta impresionante música: fue en la preciosa iglesia de la Pradera (en alemán, Wieskirche), una muestra maravillosa de rococó alemán, obra maestra de los hermanos Zimmermann, de mediados del siglo XVIII.

Cuando comenzó a sonar el órgano sentí que todo mi ser se estremecía y que entraba en un estado parecido a un trance. La música me llevaba, elevándome, por los diferentes estados del alma, para acabar fundiendo todos en uno con una resolución propia únicamente de Bach. A partir de entonces, siempre que escucho esta obra me veo frente a la eternidad, todas las piezas del enorme rompecabezas que constituye la vida y el pensamiento humanos encajan perfectamente con un sentido trascendente. Deseo que no acabe la música y, acabando la pieza, no termina del todo, porque sigue resonando en mi interior horas y horas, llenándome de armonía.

Sé perfectamente que a lo que estoy diciendo no le estoy dando ningún apoyo de teoría musical, porque no la sé. Sólo hablo de emociones. Nada más y nada menos.

Os presento pues, esta extraordinaria composición de Bach. La interpreta un músico genial que nos dejó en 1981, el organista, clavecinista, pianista, y director de orquesta y coro Karl Richter. El órgano es el Órgano de la Trinidad (Dreifaltigkeitsorgel, en alemán) de la Basílica de Ottobeuren, en Baviera, Alemania.

domingo, 19 de mayo de 2019

La música y yo

Nunca he asistido a clases de música. En mi colegio no se impartía música en mis tiempos (más tarde todo el mundo pasó por la flauta). Por ello mis conocimientos musicales son bastante cercanos a la nada.

Pocas cosas hay en el mundo que me hubieran gustado más que poder entender y seguir una partitura y poder expresarme con un instrumento.

En fin, ¡qué le vamos a hacer! Descubrí la música con mayúsculas muy tarde y ahora, hecho un borrico, voy adentrándome poco a poco, no sin muchos esfuerzos, en el fascinante mundo de sentir y vivir con música.

Mis comentarios no serán fiables desde el estricto sentido musical, pero sí sinceros, porque se basan sólo en mis apreciaciones, en mis encuentros personales con la música, con el arte expresado con sonidos. Cada entrada, por ello, pretenderá únicamente mostrar mis gustos, sin ninguna pretensión más.

El punto de partida no podía ser otro más que, para mí, el mayor compositor de la Historia, alguien que era sólo música, que vio y previó todo y con una expresión artística propia de quien es la mano musical de Dios en la tierra: Johann Sebastian Bach. A modo de petición de perdón por mi ingreso tardío en el mundo de la música muestro a continuación el magnífico Erbarme Dich, de la Pasión según San Mateo. La estremecedora interpretación es de la mezzosoprano y contralto húngara Julia Hamari.

Erbarme dich, mein Gott,

um meiner Zähren willen!
Schaue hier, Herz und Auge
weint vor dir bitterlich.

Erbarme dich, mein Gott.