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viernes, 5 de diciembre de 2025

Concierto para violín de Tchaikovsky

Hay pocos conciertos para violín más emocionantes, vibrantes y plenos que el Concierto para violín y orquesta en re mayor Op. 35 de Piotr Ilich Tchaikovsky. Tanto es así que no es nada infrecuente que, al terminar el espectacular primer movimiento, el público rompa en aplausos rapito in estasi.

Compuesto en 1878 a orillas del Lago Lemán (Suiza), tras un intento de suicidio del compositor perpetrado fruto de la depresión a causa, entre otros factores, de su desastroso matrimonio con Antonina Miliukova, constituye una de las obras cumbres para violín de la historia de la música.

En ese lugar se le unió un alumno suyo de composición, Iósif Kotek, violinista. Inspirado por la música para piano y violín que estuvieron tocando juntos, Tchaikovsky interrumpió la Sonata para piano en sol mayor, en la que se encontraba trabajando en ese momento, para componer la partitura del concierto para violín que hoy nos ocupa. Acabó el esbozo del mismo en 11 días y lo terminó por completo al cabo de un mes, revisiones aparte del movimiento central.

El compositor le ofreció la partitura al violinista Leopold Auer, quien la rechazó por intocable. Por ello, el concierto fue estrenado el 4 de diciembre de 1881 por Adolf Brodsky, en Viena y bajo la dirección de Hans Richter. En aquel momento no fue apreciado como la obra maestra que hoy en día está considerado.

El primer movimiento, más largo que los demás, muy al estilo del compositor, por sí solo podría ser un concierto aparte, tal es la riqueza de melodías entrecruzadas, la complejidad y la espectacularidad de su final. El segundo movimiento, andante, para mí es muy difícil de describir, y solo diré que es profundo, pero no oscuro, melancólico, pero no triste, y llega al último rincón del ser. Para concluir, el tercer movimiento, allegro vivacissimo, interpretado sin pausa tras el andante anterior, es la conclusión perfecta a toda la música abordada en los minutos anteriores, redondea la partitura y la empaqueta como un regalo que es, un regalo para nosotros que hoy, 147 años más tarde, escuchamos tan fresco como el primer día.

La versión que hoy propongo es la de la fantástica Hilary Hahn, con Andrés Orozco-Estrada dirigiendo la Orquesta Sinfónica de la Radio de Frankfurt en una grabación efectuada en vivo el 7 de septiembre de 2023.

Espero sinceramente que os guste igual que a mí me apasiona.

martes, 8 de julio de 2025

Pasión al dirigir. Alondra de la Parra y Valery Gergiev

A mí, que nunca he tenido educación musical, siempre me ha llamado poderosamente la atención el papel del director de orquesta. Sinceramente, cuando empecé a adentrarme en el mundo de la llamada música clásica no tenía ni idea de cuál era ese papel. Si los músicos son profesionales, conocen y han estudiado la partitura, han ensayado juntos y por separado y han logrado conjuntarse, ¿para qué les hace falta alguien que los dirija? Además, cuando hace años vi un vídeo con una interpretación estupenda del Concierto de Brandemburgo nº 3 en Sol mayor BWV 1048  de J.S. Bach me di cuenta de que no había director. Después me enteré de que en la música barroca a veces no lo hay. Total, que la confusión en mi cabeza era total.

Busqué información sobre el papel del director y, básicamente, éste consiste en interpretar y conseguir transmitir la visión musical del compositor y de la obra tanto a los músicos como a la audiencia. Se trata, pues, de conseguir la mayor cohesión y comunión musical. 

Todo esto lo entendí mejor a base de ver vídeos y de asistir a conciertos. Además, hay algunas grabaciones de cómo diferentes directores preparan las obras con la orquesta, cómo hacen matizaciones, precisiones, cómo conjuntan a todos los músicos, etc. En suma, no se trata de salir al escenario, abrir los brazos con una batuta en una de las manos y gesticular hasta que acabe la obra. Todo director o directora que se precie tiene que tener un conocimiento profundo de la obra a interpretar, saber qué pretende conseguir, cómo es el auditorio y qué pretendía transmitir el compositor. Mucho estudio, sí, y diferentes maneras de abordar la profesión.

Hoy traigo a este blog dos ejemplos de pasión a la hora de dirigir, dos conceptos distintos pero exultantes. La mexicana Alondra de la Parra nos muestra en el primer vídeo qué significa controlar la partitura y saber transmitir a sus músicos qué pretende. ¡Y vaya si transmite! Es un concierto vibrante, elegante y majestuoso que no me canso de escuchar y es ni más ni menos que la Sinfonía nº 5 en Mi menor de Tchaikovsky. La maestra mexicana dirige, en su despedida como directora titular, a la Orquesta Sinfónica de Queensland (fue la primera mujer en dirigir una orquesta en Australia).

El segundo vídeo nos muestra al gran maestro Valery Gergiev en estado puro, interpretando Scheherezade, poema sinfónico op. 35, de Nikolai Rimsky Korsakov, dirigiendo la Orquesta Filarmónica de Viena. Su gestualidad, su expresividad, incluso su aparente excentricidad, hacen de él una referencia en la dirección de orquesta.

Espero que os gusten los vídeos seleccionados. A mí me parecen dos estilos de dirección muy enriquecedores. Si la música debe transmitir las pasiones humanas, tanto Alondra de la Parra como Valery Gergiev contribuyen a ello.

miércoles, 8 de enero de 2025

Con fuerza desde el principio: Tchaikovsky y su concierto para piano nº 1

Creo yo que no está mal que la primera entrada de este recién estrenado 2025 sea una de esas obras cautivadoras desde el primer compás. Esta, sin duda, lo es.

La primera vez que tuve la oportunidad de escucharla fue en Múnich, en la Philharmonie im Gasteig, auditorio donde celebraba sus conciertos la Symphonieorchester des Bayerischen Runfunks (Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera) y la Münchner Philharmoniker (Orquesta Filarmónica de Múnich), entre otras orquestas. Me quedé completamente impresionado y abducido desde que las trompas empezaron a sonar y, momentos después, el pianista puso sus manos sobre el teclado. La música lo invadía todo y el espíritu de Tchaikovsky con su capacidad musical, su sensibilidad y su fuerza me transportaron fuera de mí, a un espacio y un tiempo eternos que viven en el universo de la música que trasciende.

El concierto que ahora presento humildemente es resultado de una de esas conjunciones astrales que suceden muy pocas veces, pues confluyeron Daniel Barenboim, Zubin Mehta y la Staatskapelle de Berlín nada menos que en la sala Philharmonie de esta ciudad. El evento tuvo lugar en 2012, pero sus ecos permanecerán mientras siga vivo un solo ser humano.

Disfrutad, pues. ¡Y feliz año 2025!