Hay pocos conciertos para violín más emocionantes, vibrantes y plenos que el Concierto para violín y orquesta en re mayor Op. 35 de Piotr Ilich Tchaikovsky. Tanto es así que no es nada infrecuente que, al terminar el espectacular primer movimiento, el público rompa en aplausos rapito in estasi.
Compuesto en 1878 a orillas del Lago Lemán (Suiza), tras un intento de suicidio del compositor perpetrado fruto de la depresión a causa, entre otros factores, de su desastroso matrimonio con Antonina Miliukova, constituye una de las obras cumbres para violín de la historia de la música.
En ese lugar se le unió un alumno suyo de composición, Iósif Kotek, violinista. Inspirado por la música para piano y violín que estuvieron tocando juntos, Tchaikovsky interrumpió la Sonata para piano en sol mayor, en la que se encontraba trabajando en ese momento, para componer la partitura del concierto para violín que hoy nos ocupa. Acabó el esbozo del mismo en 11 días y lo terminó por completo al cabo de un mes, revisiones aparte del movimiento central.
El compositor le ofreció la partitura al violinista Leopold Auer, quien la rechazó por intocable. Por ello, el concierto fue estrenado el 4 de diciembre de 1881 por Adolf Brodsky, en Viena y bajo la dirección de Hans Richter. En aquel momento no fue apreciado como la obra maestra que hoy en día está considerado.
El primer movimiento, más largo que los demás, muy al estilo del compositor, por sí solo podría ser un concierto aparte, tal es la riqueza de melodías entrecruzadas, la complejidad y la espectacularidad de su final. El segundo movimiento, andante, para mí es muy difícil de describir, y solo diré que es profundo, pero no oscuro, melancólico, pero no triste, y llega al último rincón del ser. Para concluir, el tercer movimiento, allegro vivacissimo, interpretado sin pausa tras el andante anterior, es la conclusión perfecta a toda la música abordada en los minutos anteriores, redondea la partitura y la empaqueta como un regalo que es, un regalo para nosotros que hoy, 147 años más tarde, escuchamos tan fresco como el primer día.
La versión que hoy propongo es la de la fantástica Hilary Hahn, con Andrés Orozco-Estrada dirigiendo la Orquesta Sinfónica de la Radio de Frankfurt en una grabación efectuada en vivo el 7 de septiembre de 2023.
Espero sinceramente que os guste igual que a mí me apasiona.
No hay comentarios:
Publicar un comentario