Un año más, ya casi acabado el Adviento, estamos a punto de llegar a la Navidad. Si hay una música que viene a mí año tras año en esta época es el eterno Oratorio de Navidad BWV 248 de Johann Sebastian Bach. También denominado Oratorium Tempora Nativitatis Christi, es menos conocido, sin embargo, por su nombre en latín.
Está compuesto por seis partes, cada una de las cuales es una cantata. Se compuso para la Navidad de 1734 en Leipzig (Alemania) y, a pesar de cumplir ahora 291 años, sigue siendo la obra musical perfecta para acercarse hoy y siempre al misterio de la Navidad. Es solemne, íntimo, grandioso, delicado, profundo, alegre; es,... absolutamente imprescindible.
El autor del texto es desconocido, aunque se piensa que son reelaboraciones de colaboraciones anteriores con Picander, el libretista de la Pasión según San Mateo. Bach incorporó también músicas de composiciones anteriores, modificándolas para conseguir un conjunto con sus secciones perfectamente relacionadas y un efecto narrativo unitario en el que se nos narran: el nacimiento de Jesús, el anuncio a los pastores, la adoración de éstos al niño Dios, la circuncisión y la presentación de Jesús en el templo, el viaje de los Reyes Magos y la adoración de éstos al Niño en Belén. La huida a Egipto de la Sagrada Familia se presenta después de la sexta parte.
El oratorio fue concebido para representar sus seis cantatas consecutivamente durante el tiempo litúrgico de Navidad: la primera, el día de Navidad; la segunda y la tercera, los días 26 y 27 de diciembre, respectivamente; la cuarta, el día de Año Nuevo; la quinta, el primer domingo del nuevo año; y la sexta y última, el día de la Epifanía, el 6 de enero. De esta manera se lleva a cabo un recorrido por los eventos más significativos del tiempo litúrgico navideño, si exceptuamos el Bautismo de Cristo, con el que termina el mismo.
Musicalmente hablando, las diferentes cantatas del oratorio presentan peculiaridades propias, adaptando la tonalidad de cada una al momento narrado en ella. Por ejemplo, al hablar del pesebre en la primera cantata, el compositor pasa de re mayor a re menor, para así mostrar la humillación en la encarnación de Cristo. También como ejemplo, permítaseme apuntar que en el solemne coro final de la sexta cantata Bach emplea la misma melodía que en el primer coral de la primera, dando así total unidad al conjunto. Detalles, en suma, propios de un genio universal.
Hay innumerables versiones de esta extraordinaria obra, pero la que yo os traigo hoy aquí a este humilde blog es la que a mí más me gusta: la grabación que realizó en 1982 Nikolaus Harnoncourt con Peter Schreier como evangelista y Robert Holl como bajo. Dirige al Concentus Musicus Wien y al Tölzer Knabenchor (el Coro de Niños Cantores de Bad Tölz), cuyo maestro director era Gerhard Schmidt-Gaden.
El resultado, como podréis comprobar, es grandioso, sublime, digno de la Navidad. Feliz Navidad a todos, pues. O mejor, como empieza la primera cantata: Jauchzet!, frohlocket!. Auf, preiset die Tage! (¡Regocijaos!, ¡exultad!, ¡celebrad estos días!).
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