Este año se cumplen 300 del nacimiento de la que, seguramente, ha sido hasta el momento la mejor obra musical escrita para conmemorar la Pascua.
Leipzig, 1 de abril de 1725, domingo de Pascua. Los fieles congregados en la iglesia de Santo Tomás escuchan este oratorio dos días después de, igual que había sucedido en 1724, escucharan la Pasión según San Juan. Está basado en la cantata profana Entfliehet, verschwindet, entweichet, ihr Sorgen BWV 249a, estrenada ese mismo año, cuya partitura se ha perdido, no así el libreto. El texto de este Oratorio de Pascua BWV 249 es probablemente de Picander, pseudónimo de Christian Friedrich Henrici, colaborador de Bach en sus cantatas escritas en Leipzig.
Pero más allá de los meros datos, que se pueden encontrar en cualquier lugar y probablemente mejor redactados que aquí, lo que ahora me interesa es proponer que nos recreemos en el aspecto festivo que recorre todo este oratorio. Muchas veces se piensa que la Semana Santa es un periodo triste del año, porque en nuestra sociedad tendemos seguramente a confundir tristeza con reflexión. Parece que cuando se es reflexivo se es también triste y aburrido. Pues bien, después del Viernes Santo viene la Vigilia del Sábado Santo y el Domingo de Pascua, momento para el que este oratorio está pensado como momento exultante en el que la contemplación y la reflexión se ven sacudidas por un sentimiento de júbilo y de vida. Eso es justamente lo que transmite este maravillosa obra.
La versión que os presento aquí es la de la Netherlands Bach Society, con Jos van Veldhoven como director. Está grabada el 23 de mayo de 2017 en una iglesia de Amsterdam, pues no nos olvidemos de que el Oratorio de Pascua fue pensado para ser escuchado en una iglesia.
Espero que nos dejemos llevar por esta extraordinaria música, fruto del genio de Johann Sebastian Bach.
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