A pesar de lo poquísimo que sé de música sí que me he dado cuenta de que, en general, la música barroca para teclado suena mejor en instrumentos como el órgano y el clave, que ya existían en la época, que al piano. Pero, claro, a veces me encuentro con grabaciones como la del pianista húngaro András Schiff de las Variaciones Goldberg o con pequeñas joyas como la que hoy propongo. Se trata de un arreglo del andante de la Sonata nº 4 para órgano en Mi menor, BWV 528 de J. S. Bach. El pianista es Víkingur Ólaffsson, un extraordinario intérprete islandés formado en la prestigiosa Juilliard School de Nueva York.
Si algo me ha llamado poderosamente la atención es la eterna suavidad y el regocijo y gusto en todas y cada una de las notas sin perder de vista el conjunto de la obra. Víkingur acaricia las teclas con firmeza y pulsación mesurada, con ternura y determinación, con una ambivalencia que es nuestro propio sentimiento. A mí me hace latir el corazón al unísono de esta música.
Con el fin de poder comparar cómo suena esta sonata al piano y al órgano, instrumento para el cual fue escrita, acompaño un vídeo con una preciosa interpretación de la misma pieza y mismo movimiento por parte de la joven organista lituana Karolina Juodelyte en el órgano de la iglesia de la Santa Cruz, en Detmold (Alemania).
Espero que mi sensación de paz sea compartida.
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