A veces, dado mi desconocimiento musical, me doy encontronazos que suponen verdaderos descubrimientos que me hacen darme cuenta de todo lo que me he perdido hasta ahora de riqueza artística. En ocasiones se trata de obras incluso muy conocidas, pero que para mí estaban en la sombra. Pero, ¡hay!, al descorrer el velo que las tapaba uno no puede dejar de sentir un cosquilleo al pensar que el compositor las compuso y el intérprete las tocó para que fueran descubiertas por mí. Obviamente, esto no es así, pero ¿acaso no sentiría lo mismo alguien que hubiera estado encerrado mucho tiempo al descubrir de nuevo la luz del sol?
Pues bien, hay un extraordinario compositor español, llamado Antonio Francisco Javier José Soler y Ramos, conocido también como el Padre Antonio Soler, sacerdote jerónimo nacido en Olot en 1729 y muerto en El Escorial en 1783, por ello parcialmente contemporáneo de Bach, que fue compositor, clavecinista, compositor y musicólogo; y nos dejó unas obras con las que el propio genio alemán alucinaría. Impulsó de manera tremenda la obra para teclado en el barroco tardío y primeros tiempos del clasicismo.
Si tenemos en cuenta que el clave no es uno de los instrumentos más populares en los conservatorios y que, a veces, los propios españoles parecemos denostar o dejar a un lado nuestro acervo musical, no es de extrañar que la música del Padre Soler no esté entre la más interpretada hoy en día, salvo, lógicamente, en círculos barrocos entendidos.
Entre ellas, os propongo admirar el apabullante ritmo, la complejidad y el nivel de detalle artístico de su Fandango, obra para clave completamente refulgente y tremendamente moderna. En la versión que muestro a continuación la soberbia interpretación del joven y maestro clavecinista parisino Jean Rondeau en el Festival Barroco de Poznan (Polonia) en 2014. Deja, simplemente, sin palabras. ¡Ojalá opinéis lo mismo!
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