En una orquesta hay instrumentos bastante desconocidos para el gran público. Generalmente conocemos los instrumentos solistas o, mejor dicho, aquellos para los que se han compuesto más obras somo solistas. Pues bien, hay otros instrumentos con una expresividad maravillosa que generalmente nos pasan desapercibidos. uno de ellos es el trombón de varas, del que, por cierto, hay varios tipos, aunque hoy me voy a centrar en el más común: el trombón tenor.
El trombón es un instrumento de viento metal, generalmente de latón, cuyo sonido se produce por la vibración de los labios del intérprete en la boquilla a partir de la columna de aire. La longitud de ésta se puede regular en la vara, que tiene hasta siete posiciones, de tal manera que, cuanto más se alarga la columna de aire, más grave es el sonido resultante. Vamos, que resulta casi milagroso cómo puede ser a la vez un instrumento tan potente y tan delicado y dulce. Y, aunque algunos trombones tienen válvulas, la inmensa mayoría de ellos se controlan con la presión de los labios, el aire insuflado en la boquilla y el dominio de la vara.
Hoy os traigo a este blog tres obras en las que el trombón es protagonista. La primera es Tuba mirum, una parte del Réquiem en Re menor KV 626 de Mozart. Nuestro instrumento representa la llamada de la trompeta del Juicio Final, solemne, divino y lleno de dramatismo y misericordia, con una intensidad emocional realmente fantástica. Los intérpretes son la Orquesta Filarmonía de Sevilla, bajo la dirección de Francisco Javier Torres Simón. El trombonista es Juan Diego Poli Ramírez y las voces solistas son: David Lagares (bajo), Diego Morales (tenor), Irene Román (soprano) y José Carrión (contratenor).
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